¡Yo quiero!

“¡Den gracias al Señor, porque él es bueno! Su fiel amor perdura para siempre”

Salmo 107:1 (NTV)

En la soledad de mi pieza, oraba a Dios y le pedía que fuera bueno, que necesitaba que Él sea bueno. Soy una persona tan ingenua; porque a pesar de que le susurraba que necesitaba profundamente que Él sea bueno, sabía que era algo demasiado tonto lo que estaba pidiendo.

“Papá, por favor, necesito que me ayudes en esto. Sé bueno, lo necesito”.

Se bueno. Ser. Ser bueno. Ser.

¿Te das cuenta de lo absurdo de mi petición? ¡Le pedía a Dios que en ese momento exacto que yo lo necesitaba, sea bueno! Como si para Él ser bueno dependiera de su estado de humor, como si eso fuera condicionado por algo. ¿Te imaginas que nos responda de la siguiente manera: “No, ahora no tengo ganas de ser bueno. Tuve una mala noche, estoy un poco contracturado por responder tantas oraciones y la verdad es que mi paciencia ya alcanzó su límite con todos ustedes. Te dejo a tu suerte, ¡espero que te vaya bien!”? ¡Cosa de locos!

Pero ese error de “principiantes” no fue el único.

“Necesito que me ayudes en esto” No, no fueron mis palabras exactas, pero no resulta relevante ni va al caso lo qué le estaba pidiendo, sino el cómo lo estaba haciendo. Lo que quiero destacar es que yo le estaba pidiendo a Dios que sea bueno dándome lo que YO quería. Me escapé de la escena que Él tenía preparada bajo su propósito y comencé con un berrinche (sí, como los nenes) a decirle a Dios lo que yo asumía que era bueno para mí. (Jeremías 29:11).

Y no, no estoy diciendo que encomendar a Dios las cosas y pedir su bendición en todo lo que hagamos esté mal, porque es perfecto. Pero siempre está esta delgada línea, que me encanta cruzar, en la cual le decimos a Dios: “Yo sé que esto es bueno para mí, y si es bueno es lo que vos queres, ¿no?”.

Y esta situación por la cual estaba orando pasó, y cuando las cosas volvieron a la normalidad me di cuenta de que Dios, otra vez, me hizo saber que es bueno. Y no, no digo esto porque el haya respondido como yo quería -porque no lo hizo- sino porque su respuesta fue más allá de lo que yo pude haber pensado y sé que los resultados van a estar mucho más allá de lo que puedo imaginar.

No le pidas a Dios que sea bueno, acércate a Él y proba cuán bueno es.


Escrito por uno de nosotros.

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