Uno en la multitud

Giro mi cabeza hacia ambos lados, miro mi reloj, vuelvo a observarlo todo; tantos, tantas, de todas las edades, con vidas que recién comienzan, con vidas que se están “agotando” poco a poco, al menos acá, en esta tierra. Ser uno en la gran multitud, ser uno en este sistema, ser uno en este mundo; un mundo desinteresado por el prójimo, un mundo acelerado que necesita que todo sea hecho con rapidez, un mundo en donde cada uno busca su propio beneficio.

¡Cómo cuesta deshacerse de la rutina!, cuando las obligaciones nos atan de pies y manos, y cuando parece que la soga es tan difícil de romper. El trajín del día a día nos hace perder la noción del tiempo, y del uso que estamos haciendo de uno de los regalos más valiosos que Dios nos da.

¡Cómo cuesta administrar este bien preciado!, nos resulta muy difícil destinar el tiempo a lo que realmente merece de nuestro tiempo; existiendo hoy en día tantos factores distractores, que aunque suene extremo, nos quieren hacer perder la meta y se abren paso en nuestro rumbo para confundir el camino o tan solo para intentar captar toda nuestra atención. Y de repente miro la hora y ya hace más de cuarenta minutos estoy paseando por las redes sociales, atrapada en una distracción constante.

Son tan pequeñas las cosas que nos pueden distraer de la meta, somos tan pequeños nosotros. Me cuestiono a mí misma, y quiero un cambio; pero para ello a mi mente viene la palabra actitud. Tantos y tantas atrapados en la mentira de que la muerte es el final, sin saber la verdad de la vida eterna; y aún yo, conocedora de ésta verdad hago eco muchas veces de las voces de aquellos que desconocen, o bien, actúo sin pensar en la eternidad.

Cristo, la fuente de vida eterna, debería estar presente en cada cosa que hago, cada cosa que hacemos de palabra o de hecho debería ser hecha para el Señor (Colosenses 3:17). ¿Cómo estoy viviendo mi vida? Debería vivir de tal forma que los demás se den cuenta que el paso por este mundo es aún más trascendente de lo que se imaginan, y que el tiempo que transitamos esta tierra debemos utilizarlo de forma sensata, sabiendo que la decisión de aceptar la vida eterna es una decisión que perdurará por la misma eternidad.

Estamos acá, podemos pensar, podemos hacer, podemos decidir, hagámoslo bien. Vivamos siendo conscientes de que las cosas terrenales no perduran, miremos las cosas de arriba (Colosenses 3:1-2), no nos olvidemos de hacer tesoros en donde nadie puede arrebatarlos, y en donde no pueden agotarse. Hagamos tesoros en el cielo.

Seamos sabios, seamos distintos, y vivamos siempre mirando más allá de la rutina, más allá de este mundo, teniendo la certeza de que todo pasa pero la Palabra del Señor permanece, reconociendo que Él es quien le otorga sentido a nuestra vida, y que el paso por este mundo sea un recorrido fructífero, en el que tengamos la vista direccionada hacia arriba y que cada paso que demos sea mirando a la meta.

[divide]

Autor: Uno de nosotros.

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