Un espejo para el alma

El espejo como utensilio de tocador y objeto manual fue muy usado en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana. En la cultura hebrea, era parte de la fuente de metal que estaba a la entrada del Tabernáculo de la Reunión. Al lavarse sus manos, los sacerdotes podían ver sus imperfecciones (Éxodo 38:7-9; 30:18; escrito aproximadamente en el 1447 A. C.) En realidad la historia no nos dice quién es el verdadero o los verdaderos descubridores de éste utensilio de habitación y de decoración tan útil y necesario en nuestros días. Pero se ha vuelto tan indispensable que antes de salir de la intimidad de nuestra habitación o casa, nos detenemos delante de éste peculiar objeto, y hacemos algo con las imperfecciones que logramos ver, al igual que lo hacían los sacerdotes Hebreos de aquellos tiempos.

Hoy en día el espejo o estructuras reflejantes son muy usados no sólo como enceres para baño o habitación, sino que también su uso decorativo ha sido muy bien explotado por la arquitectura, decorador de interiores, moda, etc. Lo encontramos en tamaños extremadamente grandes y otros pequeños de bolsillo.

De hecho cuando nos encontramos con uno, nos detenemos un momento a ver nuestro reflejo y corregir alguna imperfección en nuestro rostro, cabello o vestimenta. Pero ninguno se mira al espejo antes salir de la intimidad de su casa para no hacer algo, si es que acaso el reflejo que le devuelve algunas imperfecciones como: manchas en el rostro, cabello despeinado y/o cualquiera de las típicas anormalidades se presentan después de dormir, trabajar, hacer deporte, etc.

Santiago 1:22-23 “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural”.

Cuando al escuchar las enseñanzas de la Biblia o al leerla no tomamos en cuenta lo que dice allí para nuestras vidas, somos semejantes a uno que se mira al espejo y no hace nada al respecto. La palabra de Dios es un espejo para nuestras almas y espíritus, mostrándonos las imperfecciones que tenemos para que nos limpiemos con la Sangre de Cristo y nos presentemos limpios delante de Él.

Hebreos 4:12 “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que espada de doble filo; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas”.

Una miradita al espejo de nuestras almas todos los días podría limpiarnos de todas las imperfecciones que tenemos allí y que no nos dejan ver y admirar la voluntad de Dios en nuestras vidas.

¿Y tú, hoy te miraste al espejo?

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Extraído de “Campaña 90 días”-YouVersion

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