Tenemos que ser influencers

En un mundo digital, una palabrita que anda dando vueltas por todas partes es “influencer”. Hace un tiempo que vengo pensando que, curiosamente, ese término tiene mucho que ver con el que debería ser nuestro rol como cristianos.

Según algunas definiciones en línea, un influencer es: “UNA PERSONA QUE CUENTA CON CIERTA CREDIBILIDAD SOBRE UN TEMA CONCRETO, Y POR SU PRESENCIA E INFLUENCIA EN REDES SOCIALES PUEDE LLEGAR A CONVERTIRSE EN UN PRESCRIPTOR INTERESANTE PARA UNA MARCA”. En otras palabras, alguien que se convierte en interesante para las marcas porque tiene CREDIBILIDAD, PRESENCIA e INFLUENCIA. ¿Te suena?

Si bien muchas veces esta influencia se aplica para cosas completamente superficiales, podemos tomar el término y pensar en lo que Jesús nos dijo que debíamos hacer si somos sus discípulos. En Mateo 5, Jesús habla de dos cosas que tenemos que representar como hijos de Dios:

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.”

Somos sal y luz.

La sal es la encargada de darle sabor a los alimentos, de que las cosas no sean insípidas. Sin embargo, por más que se mezcla con la comida, nunca pierde su sabor distintivo. Así tenemos que ser también nosotros: nuestras acciones, nuestras actitudes tienen que darle color al mundo que nos rodea, dejándole el sabor de Jesús, pero sin tomar el sabor del mundo. Tenemos que tener INFLUENCIA.

La luz es completamente necesaria para vivir, la necesitamos a cada momento. Además, por más chiquita que sea, se puede ver a la distancia. Nosotros y nuestro actuar tienen que ser como esa luz, por más que de a momentos nuestro brillo sea más débil, debe estar siempre presente. Tenemos que tener PRESENCIA y CREDIBILIDAD; tenemos que mostrar a Jesús.

Jesús nos promete que si hacemos eso, la gente va a notar nuestra influencia y le va a agradecer a Dios por nosotros. ¿No te parece un desafío que vale la pena probar?

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Escrito por uno de nosotros.

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