Tan chicos

Alzando la miradaPor Vero Del Vecchio

Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.” Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron. 

Mateo 25:35-45 (Dios Habla Hoy)


Cuando somos chicos nos parece que el mundo es demasiado grande. Cuando crecemos nos damos cuenta que efectivamente somos demasiado pequeños, y sin embargo, seguimos creyendo las grandes mentiras que circulan por ahí tan sueltas de cuerpo, tan llenas de nada. Resulta que a veces me da por el melodrama mental, esto de pensar en todo lo que uno piensa, pero no tan detenidamente como para darse cuenta, que es normal estar estresado si uno simplemente camina, hace, siente, come.

La sociedad de la imagen, la imagen de esta sociedad, que ignora a aquellos que no son retratados por “defectuosos” por no tener el virtuosismo estético que prepondera la pantalla social. Simplemente no existe un facebook para aquellos que permanecen en celdas, en jaulas humanas hechas por animales sueltos que nadie apresa.

Las luces están tan tenues que apenas se alcanzan las cosas, y se pierde en un abrir y cerrar de ojos, la vida. Quisiera acallar por un instante el ruido que se escucha en mi corazón; golpean a la puerta manos lastimadas por el abandono que reclaman justicia. Los restos de niños que no vieron el sol me preguntan cuándo va a parar, la masacre disfrazada de libertad individual. Las niñas que fueron mujeres antes de que dieran las 12 me recuerdan que no siempre los cuentos de niñas son de princesas, que a veces simplemente el encanto es arrebatado por manos sucias. La calesita está vacía, las hamacas se mecen lentamente y el viento recuerda una canción infantil que la lluvia interrumpe. El invierno llegó. El abrigo tarda más.
En las calles un eco silencioso, casi tácito. La pobreza da con todo, y se afila cada vez más. ¿Quién escribirá esas memorias? Me doy cuenta que la vida es un poco más de lo que imagino la mayor parte del tiempo, solo que cuesta entender del todo cuánto vale una sonrisa en este mundo de caras serias. Cuesta saber cuánto vale un abrazo en este mundo manco de misericordia.

Sí, el mundo sigue siendo grande. Sí, seguimos siendo pequeños.
Pero resulta que ni los cielos pueden contener la gloria de aquel que es el más grande. Y frente a esa inmensidad, todo es pequeño. Todo es posible.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *