Sube al monte… aunque cueste!

Al descender Jesús del monte, lo seguía mucha gente.
Mateo 8:1

Jesús descendía del monte y le seguía mucha gente. Allí se muestra una acción del maestro, digna de imitar.

Tanto el hombre como la mujer espiritual, suben al monte solamente a buscar la presencia indispensable de Dios; a diferencia del religioso, que busca la aprobación humana, que se complace en estar en la vidriera, en exponerse desmedidamente, en el excesivo protagonismo.

Es muy interesante notar que esta subida al monte, requiere del esfuerzo humano de abandonar toda mochila, todo peso que se carga en las espaldas para poder llegar, requiere estar libres para entrar a las alturas espirituales, requiere deseo y voluntad.

De esta actitud del maestro extraemos varias lecturas o enseñanzas.

La relación es personal, la búsqueda de Dios también.
La cantidad de tiempo que dediquemos a la oración es el termómetro, el espejo de lo que es tu vida cristiana.
Cuando Jesús descendió, mucha gente lo seguía. No es para todos subir al monte, es para los pocos que están dispuestos a pagar por la fe el alto costo de renunciar a la tónica de estos tiempos, en los que parecen ser insuficientes las horas del día. Hemos olvidado que para Dios lo importante es quiénes somos, cuánto buscamos su presencia sin importar el tiempo.

Cuánto nos hace falta escuchar ese silbido apacible, de las montañas que llene nuestros pulmones de paz y frescura. Cuánto necesitamos dejar a un lado nuestra imagen, el respeto , la credibilidad ante los hombres, todo aquello que a lo largo de nuestra existencia hemos logrado plasmar para lograr ser aceptados por el núcleo de las personas para darle importancia a lo que realmente importa: subir al monte solo para escuchar a Dios hablando, y al estar allí, descansar, quizás llorar, reconociendo que lo único que nos sostiene y nos mantiene en pie es su presencia.

No puedes dar lo que no tienes.
Toma tu tiempo de oración, pues aunque las limitaciones físicas, emocionales o el gran desafío que afrontas en tu presente, te hagan sentir débil, recuerda: que aunque soy débil, soy fuerte en Él.

Toma el tiempo para ir a la montaña, para poder llenarte con su Espíritu, no hables, no pronuncies palabras, no utilices vanas repeticiones, simplemente de rodillas, ante su majestad, deja que su presencia sea el cielo para ti.

Entonces cuando bajes del monte, las personas te seguirán, pues encontrarán algo en ti, más allá de tu capacidad, de tus dones y talentos. Encontrarán la presencia constante del espíritu noble que te sustenta.

Pr. Louder Garabedian
Mensaje a tu Corazón

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