Soledad

“El Señor dice: Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti.”

Salmo 32:8 NTV


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Aislado. Abandonado. Retirado. Incomunicado. Desamparado. Excluido. Alejado.

Soledad.

¿Alguna vez sentiste esa opresión en el pecho que no te deja respirar? ¿Sentir que no hay espacio físico para tus pulmones? ¿Sentir que no hay manera de estar encaminado o enfocado? ¿Perdido? ¿Desorientado? ¿Alguna vez pensaste que ya no había posibilidades de un mañana?

¿Alguna vez te sentiste solo?

Sabía lo que es sentirse solo, estar rodeado de personas pero ser incapaz de sentirse acompañado verdaderamente.

Sabía lo que es sentirse solo, querer cerrar los ojos y sumirte en tus fantasías, donde todo, y reitero, todo es mejor.

Sabía lo que es sentirse solo, querer volver a algún punto en el tiempo, cambiar decisiones y elecciones.

Sabía, yo sabía.

Sabía, porque encontré a alguien que aunque me encontraba físicamente solo, Él nunca me abandonaba.

Sabía, porque en lugar de cerrar con fuerza mis ojos, los abrí y descubrí una nueva verdad.

Sabía, porque entendí que aunque mi pasado no pueda ser cambiado, no me define, y tengo la posibilidad de tener un futuro.

Donde quieras que estés, Dios está. Sea la forma en la que te sientas, Dios te entiende. Sea el día que sea, Dios sabe de vos.

“… porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desemparará.”

(Deuteronomio 30:6b).

“… yo soy tu Dios, que te esfuerzo, yo te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

(Isaías 41:10b).

“… porque él dijo: No te desempararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré …”

(Hebreos 13:5-6)

No solo creo en un Dios que salva, no solo creo en un Dios que da refugio, no solo creo en un Dios que es roca fuerte, no solo creo en un Dios de misericordia, no solo creo en un Dios de segundas oportunidades.

Creo en un Dios que estuvo, está y estará.

Creo en un Dios que me conoce desde mis pensamientos más profundos hasta el más superficial de ellos, creo en un Dios que me acompaña, que me consuela y me abraza. Creo en un Dios que me sostiene en su mano.

Creo en un Dios que tiene su mirada puesta en mí cada día de mi vida. (Salmo 32:8)


Autor: uno de nosotros

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