Relojes rotos

Hace poco, haciendo uso de mi talento de torpeza tiré un reloj al piso. ¿El resultado? Ya no funciona. Sin embargo, había encontrado un mecanismo de reloj similar al mío entre los cajones de mi casa; con un tutorial de arreglo de relojes puesto en mi celular y el pequeño artefacto dañado traté de arreglarlo. ¿El resultado? Debo admitir que es igual al anterior y peor: Dos mecanismos que no funcionan (perdí piezas en el camino).

Cuando me enfrento a problemas diarios los cuales, desde mi opinión son similares al mecanismo de un reloj, me desespero. ¡No quiero más relojes rotos!

Pero a pesar de todo me detengo a respirar y recordar: Tengo un Dios, un Papá, un Creador que me ama tanto que no hay problema al que no pueda enfrentarme y resolverlo. Cada circunstancia en mi vida está respaldada por Él, solo por Él.

“Vas delante y detrás de mí. Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza.
Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí, ¡es tan elevado que no puedo entenderlo!”

Salmo 139:5-6.

Pero quiero hacer énfasis en algo, mi capacidad de resolver los problemas no es porque yo lo puedo todo, es porque Dios conoce hasta el último detalle sobre mi vida. ¿Cómo no iba a saber Él cuales son mis límites? Dios nunca me va a poner a arreglar un reloj porque sabe que no soy la persona indicada para hacerlo.

Con esto en mente quiero darle un pequeño toque al reflector que nos ilumina como protagonistas sobre el gran escenario y alumbrar a la multitud de espectadores; aquellos espectadores que son los verdaderos protagonistas de esta historia.

Dios nos creó para expresar amor, y nosotros, tenemos que compartir de su infinito amor. Entonces, poniéndonos en sintonía con el fin de año quiero que nos preguntemos: ¿Qué hice este año para compartir de su amor? ¿Qué marca dejé en la vida de los otros que trasciende de mi propia vida?

“Mira, he escrito tu nombre en las palmas de mis manos.”

(Isaías 49:16ª).

Dios tiene nuestros nombres grabados en la palma de sus manos. Él obviamente sabe nuestras limitaciones pero siempre nos bendice. No hay motivo u obstáculo que nos detenga de hacer Su obra.

Te animo a pensar en cómo fue tu año y cómo podes ser de mayor bendición en la obra de Dios para el año que comienza. Acordate que nunca te vas a enfrentar a un reloj que no sepas reparar.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *