Reflexiones de un viajero

Los que solemos usar el transporte público, ya sea colectivo, tren o subte, sabemos que es muy común escuchar conversaciones ajenas más allá de no querer hacerlo. Sobre todo cuándo debemos viajar en hora pico y la distancia con la persona de al lado es prácticamente nula.

Justamente hace unas semanas, estaba viajando en el tren y pude reconocer que quiénes viajaban a mi lado estaban hablando de La Biblia, esto hizo que mi atención se posara sobre esa conversación, pero rápidamente caí en la desazón y tristeza de escuchar ironías y burlas. Realmente estaban sacando de contexto pasajes sobre temas específicos en los que Dios había hablado de una manera muy clara, pero leyendo de esa forma, se desvirtuaba el verdadero mensaje.

Mi parte menos espiritual empezó a encenderse, me parecía totalmente injusto que se estén burlando en mi cara de los principios en los cuáles yo creo y de Dios, que es real y nos ama a cada uno de nosotros. Pensé en interrumpir la conversación y pedirles que no hablen del tema frente a mí y otro tipo de berrinches que obviamente no venían de Dios. Pero antes de actuar, algunos versículos empezaron a resonar en mi cabeza. El primero fue Santiago 1:19 “Por eso, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse” (Versión NRV), estaba claro que si tomaba la decisión de decirles algo iba a ser una palabra desacertada y realmente no iba a ayudar a que cambien la visión que tenían acerca de Dios. Sabio consejo el que nos da Santiago, muchas veces no nos damos cuenta, pero con las palabras que decimos podemos hacer un gran daño, tal vez, por el impulso de defender el mismo mensaje de Dios terminamos dando un mal testimonio.

El otro texto de la Biblia que vino a mi memoria fue Mateo 5:44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os maltratan y persiguen” (Versión NRV)ese es el gran punto, Jesús demuestra una forma de amor que para nosotros es realmente incomprensible, y fue eso lo que yo pude entender en ese viaje, mi deber como seguidor de Cristo es orar por esas personas que se burlan, amarlos, y dejar que el Espíritu Santo haga la obra en ellos.

Yo había buscado formas de demostrarles que se estaban equivocando al burlarse, pero el que da las condiciones es Dios, y los tiempos los maneja Él. Lo más curioso fue que al bajar del tren, a una de estas personas se le cayó un objeto al piso, yo lo levanté y se lo di, inmediatamente escuché la palabra “gracias” de su parte, y con una sonrisa respondí, “que Dios te bendiga”.

Es complicado entender que Dios nos pide amar a quién nos odia o se burla de nosotros. Pero lo claro es que hacerlo te da una gran satisfacción, de esa forma logramos una conexión con nuestro salvador, y aprendemos a vivir el verdadero Evangelio del cual nos habló Jesús. Lo cierto es que si buscamos a Dios de todo corazón y le pedimos sabiduría en esas situaciones, Él nos va a guiar para que podamos actuar como su palabra nos indica.


Autor: Uno de nosotros.-

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