Recompensa

“El que siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembre y el que siega se gocen juntos.” Juan 4:36

Muchos de los obreros del Señor tienen la experiencia de sembrar sin saber qué ocurre con la semilla que ha echado en el surco. Todo predicador tiene confianza –o fe- de que sus palabras podrán germinar más tarde. Es aún más evidente en otros ministerios como la evangelización por radio o televisión o por medio de la palabra escrita.

En ese sentido, esas palabras de Jesús en Samaria son una hermosa promesa. Nadie quedará sin retribución. Más aún, nos aclara que parte de esa retribución consiste en el gozo de ver que otro siega lo que nosotros hemos sembrado. Nuestras alabanzas en gloria surgirán en parte cuando allí veamos algunos frutos de nuestras labores, más grandes, o más pequeños, que no nos hubiéramos imaginado.

Cuando nos toca segar, es evidente el gozo que tenemos. Es nuestro deber en esos momentos dar gracias a Dios por los que han sembrado antes, pidiéndole que los bendiga, ya que muy pocas veces encontramos a alguien en quien no ha habido otro que sembró antes que nosotros. Y cuando sembremos, gocémonos de antemano, sabiendo que alguna vez, en esta tierra o en el “más allá”, recibiremos con gozo nuestro premio.

“No te sirvo, mi Dios, porque me darás una retribución, pero mi corazón te agradece por el gozo que he de recoger y que otros han de compartir.”

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Extraído del libro Junto a Jesús Cada Día – Arnoldo Canclini

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