¿Qué dice Dios sobre Halloween?

Vivimos en un mundo superficial y materialista, que nos lleva por el camino del consumismo a realizar diversas acciones y adquirir tradiciones de las que, en el mayor de los casos no conocemos el origen, solo las adoptamos porque la estructura de nuestra sociedad lo impone. Un ejemplo de esto pueden ser festividades en determinadas fechas del año, en este caso vamos a analizar “Halloween” o “Noche de brujas”.

Celebrado el 31 de octubre, hoy en día vemos que tiene un impacto comercial de gran expansión, trasladándose desde los países del hemisferio norte hacia gran parte del mundo. Motivo de disfraces, consumo de golosinas, películas,  fiestas, etcétera, podemos advertir que ha llegado a tener gran impacto y adaptación también en nuestro país

Ésta celebración tiene su origen en la cultura Celta, como una ceremonia realizada para despedir el año y recibir el siguiente, que comenzaba el 1 de noviembre junto con el verano. Se creía (como en otras culturas) que el día anterior al año nuevo los espíritus de los hombres muertos podrían regresar a la tierra. Por dicha razón la gente se preparaba de fiesta para recibir a sus antepasados, pero a la vez se disfrazaba  con pieles de distintos animales para espantar a los “espíritus malos”. El ritual también consistía en sacrificios humanos y de animales para Samhain (dios de la muerte).

Cuando el Imperio Romano invade el territorio celta en el 43 D.C  adopta esta festividad, sumándola y  mezclándola a las fiestas que ya tenían por el fin de la cosecha en honor a la diosa Pomona (de la fruta y los árboles frutales)

Ésta celebración fue creciendo a tal punto que los papas Gregorio III (731-734 D.C) y  Gregorio IV (825-824 D.C) trasladaron el día de todos los santos y los difuntos, que se celebraba el 13 de Mayo, al 1 de Noviembre para poder reemplazarla, lo que no hizo más que institucionalizar la festividad a la Iglesia Católica.

A mediados del siglo XIX  por medio de los inmigrantes irlandeses, Halloween llega a Estados Unidos y Canadá. Pero recién en el sigo XX empieza a adquirir masividad, a fines de la década del 70 y comienzos de los 80 llega al cine, lo que contribuye en gran manera al crecimiento de ésta tradición en distintos lugares del planeta.

Podríamos aportar muchos datos más sobre los comienzos y rituales de ésta tradición, pero lo visto hasta ahora es suficiente para sacar una conclusión, y darnos cuenta lo lejano y apartado de Dios que es involucrarse en esta “fiesta”.

Como hijos de Dios debemos estar atentos a no caer en este tipo de prácticas. El pueblo de Dios más de una vez desvió su mirada por caer en tentaciones paganas, y nosotros no estamos exentos de eso. 1 Reyes 17:35 como Levítico 26:1 y otros pasajes de la Biblia, nos advierten sobre un Dios, Señor de todo y celoso de su pueblo. El Diablo siempre va a buscar formas para que nos alejemos de Dios, ofreciéndonos “placer” y “diversión”  superficial y  terrenal, tan efímero como dañino y destructivo para nuestra vida.

Sea cuál sea nuestra situación, Jesús por medio de su obra en la cruz nos liberó del pecado y de la esclavitud como bien dice en Gálatas 5:1 (“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”) y Tito 2:14 (“…Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.”). Sólo dejando toda nuestra carga en Él podemos estar tranquilos y tener confianza de que el pecado y toda la maldad de este mundo no nos puede destruir.

¡Jesús murió y resucitó por nosotros! Busquemos crecer de su mano y dejemos que ÉL tenga el control sobre nuestra vida.


Escrito por uno de nosotros.

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