Planes

Todos los hacemos. Algunos con más detalles, otros con menos. Algunos apurados, otros con mucho tiempo. A veces de manera consciente y otras, casi sin pensarlo. Pero siempre tenemos planes. Lo que sucede es que muchas veces no salen como pensamos. En ocasiones nos equivocamos en lo que planeamos. Y en otros casos, hasta podemos decir que sencillamente fueron malos planes.

Esto dice el Señor: “Ustedes permanecerán en Babilonia durante setenta años; pero luego vendré y cumpliré todas las cosas buenas que les prometí, y los llevaré de regreso a casa. Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. En esos días, cuando oren, los escucharé. Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme. Sí, me encontrarán —dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”. (Jeremías 29:11-14, NTV).

El contexto de la historia: Una profecía de Dios para los desterrados de Israel que estaban en Babilonia. Cuando uno está desterrado quiere decir que está sin patria, sin raíces, sin lo conocido, sin lo familiar, y sin futuro. ¿Alguna vez te sentiste así? ¿Estás entrando al nuevo año de esa manera? ¿Como si estuvieras en una Babilonia, como si caminaras por un túnel sin poder ver la luz, ni siquiera el final? Aun así, Dios tiene planes para tu vida.

Dios sabe lo que guarda para tu vida. La primera parte del versículo 11 dice: “Yo sé los planes…” Muchas veces el mundo que nos rodea nos hace pensar si Dios realmente sabe lo que está haciendo, o al menos si está haciendo algo en nuestra vida porque todo parece estar atascado, como que no vamos a salir nunca de Babilonia. Sin embargo, lo que dice el Salmo 139:16: “Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara”. Dios sabe los planes desde el principio. No hay guerra, crisis financiera, hambruna mundial, pandemia o epidemia que pueda hacer que Dios pase por alto uno de nuestros días o el plan que tiene para nuestras vidas. Él es Dios, su capacidad es ilimitada. Él no tiene problemas de memoria, ni de estrés, ni tampoco cambia de opinión.

El rey David entendió muy bien que Dios tenía planes para su vida y en uno de sus salmos escribió: “El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh Señor, permanece para siempre” (Salmos 138:8). Él vivía con esa certeza y lo mismo debemos hacer nosotros.

Dios sí sabe los planes que tiene para tu vida y para mi vida, él no anda improvisando.

Los planes de Dios son para bien. Basándonos en la siguiente parte del versículo 11; Por alguna razón a veces pensamos que Dios es una especie de aguafiestas cósmico y que los planes que tiene para nuestra vida son de sufrimiento, de calamidad, etc. Pero Dios no miente, y Su Palabra dice que los planes que Él tiene para nosotros son para bien. Ahora si nos fijamos, no dice que los planes que tiene para nosotros son fáciles, ni que tampoco carecerán de problemas, tristezas, enfermedades. El versículo habla de la meta de esos planes: planes que son para darnos futuro y esperanza.

Cuando a nuestra mente viene la idea de que no podemos confiar plenamente en Dios, que no podemos ser perdonados de todo pecado, que no merecemos pedir perdón o porque si nos entregamos a Él sin reservas nos va a “amargar la existencia”, te puedo asegurar dos cosas: o no conoces realmente al Dios en el cual creés, o estás creyéndole al enemigo. Jesús dijo que “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Nosotros tenemos que confiar en que los planes que Dios tiene para nosotros tienen ese objetivo.

Romanos 8:28, pasaje que la mayoría de los cristianos conoce dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”. Tal vez la situación que estás atravesando no la podés entender, no ves la luz al final del túnel. Pero Él tiene una meta, algo que quiere lograr en tu vida, algo para tu bien y quiere cumplir ese propósito.

Los buenos planes tienen pasos. Si queremos que el propósito de Dios se cumpla, tenemos que ajustarnos a su plan e ir siguiendo sus pasos. El famoso escritor Antoine de Saint-Exupéry una vez dijo: “Una meta sin un plan, es solo un deseo”. Y lo que Dios tiene para nosotros es una meta, un objetivo: llevarnos a la plena y completa medida de Cristo. Pero el desarrollo de ese objetivo es diferente para cada una de nosotros. Si tratás de comparar el plan de Dios para tu vida con el plan de Dios para la vida de otra persona, te vas a frustrar. Cada persona es única, y el plan de Dios es único para cada persona. Lo único que es común en ese aspecto es que todos los planes de Dios son para el bien de aquellos que le aman y que han sido llamados de acuerdo a su propósito.

Decile a Dios “Acepto tu plan, sea cual sea, porque vos me amás y sé que tu plan para mi vida es para bien”.

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