Oscuridad

Por: Flor Fournier


 

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo;
cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas;
cuando camines por el fuego,no te quemarás ni te abrasarán las llamas.
Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador […] 

Isaías 43:2-5

Todo estaba oscuro, ni siquiera veía mis propias manos. Sentía que ingresaba en un lugar, pero quién sabe dónde me hallaba.

¿Cómo llegué aquí? Me preguntaba, giraba, y no sentía nada diferente a estar quieta en el mismo punto.

Era desesperante querer ver, y no poder hacerlo. Vivía entre sombras por primera vez. Entonces, al borde del llanto, me acurruqué en quién sabe qué superficie y cerré mis ojos. Imaginaba, imaginaba que estaba en el lugar más maravilloso del mundo, pero lo más importante es que no estaba en soledad, sino que conmigo estaban las mejores personas del mundo. Sentía que todo mejoraba, aunque algo muy dentro de mí me señalaba que me engañaba a mí misma. Era un lindo engaño aquel, pero sólo una fantasía.

Todo cambió, nada se veía mejor. Sentí que una voz me hablaba, sentí que alguien me decía que todo estaría bien. Sentí como dos brazos me abrazaban, pero yo no podía dejar de llorar así como tampoco podía ver. Sentí que secaban mis lágrimas, esas dos manos que tenía una piel tan suave como la seda.

Ya no tenía un vacío, la soledad ya no estaba conmigo. Ese alguien me susurró al oído, yo me quedaré aquí contigo, es solo la noche, ya llegará un nuevo día, y de nuevo el sol iluminará tu vida. Al sentir su dulce voz, supe que era solo una circunstancia, era algo pasajero, pronto cesaría la oscuridad, volvería a ver luz, en realidad, ya estaba viendo luz, pero esta era especial, me iluminaba solo a mí, no todo el lugar, me daba paz.

Esperé con paciencia en ese cálido regazo y sintiéndome segura en sus brazos a que terminara la noche, no sería como cualquiera, sería una larga oscuridad, pero así era placentero esperar.

En un momento, abrí mis ojos luego de un hermoso sueño y puede contemplar la luz, todo se iluminaba, el sol había vuelto a salir, el sol alumbraba mi vida otra vez. Cuando me di cuenta, comencé a mirar a mis alrededores, y no veía a nadie, pero aún lo sentía muy cerca de mí. Miré al hermoso cielo azul, y dije ¡gracias por estar conmigo!

Muchas son las angustias del justo,
pero el Señor lo librará de todas ellas;
le protegerá todos los huesos,
y ni uno solo le quebrarán. Salmos 34:19-20

Dios nunca nos abandona, siempre está con nosotros, aun en lo más oscuro de las circunstancias.

Ora por cada momento difícil que te toque pasar, entrégalo en sus manos y ¡espera la luz!

En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.
Juan 16:33

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