No te abandonaré

“(…) Dios dijo: ‘No te abandonaré, ni te desampararé’” Hebreos 15:5

 

El amor de un padre por su hijo es asombroso. Es capaz de hacer cosas impensables, sin importar muchas veces si recibe lo mismo a cambio.
¡Cuánto más el amor inagotable de nuestro Padre celestial por nosotros! A pesar de lo que somos, de lo que hacemos y pensamos nunca cambia. Es más, se renueva cada día para brindarnos nuevas oportunidades.

Sin importar qué tan lejos te sientas de Él o qué tan profundo hayas caído, Dios te dice por medio de Su palabra en el libro de Hebreos una verdad que te sostendrá en los peores momentos de tu vida:

No te desampararé, ni te dejaré.


Según la Biblia, muchas veces hemos despreciado el amor de nuestro Padre. «Cada cual se apartó por su camino» (Isaías 53:6). Pablo va un paso más allá con nuestra rebelión. Hemos hecho más que simplemente alejarnos, dice él. Nos hemos vuelto incapaces de salvarnos: «Éramos enemigos de Dios» (Romanos 5:6,10 NVI).

Duras palabras, ¿no crees? Un enemigo es un adversario. Uno que ofende, no por ignorancia, sino con intención. ¿Nos describe esto a nosotros? ¿Hemos alguna vez sido enemigos de Dios? ¿Alguna vez nos hemos vuelto contra nuestro Padre? Si eres honesto sabrás que sí. Sabrás que posiblemente te has apartado de Él. Pero Dios busca una reconciliación contigo.

2 Corintios 5:19 dice que «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo». La palabra griega que se traduce reconciliación quiere decir «hacer que algo sea diferente».

La reconciliación desenreda lo enredado, invierte la rebelión, vuelve a encender la pasión que se ha enfriado. La reconciliación toca el hombro del extraviado y lo pone en camino hacia el hogar. El camino a la cruz nos dice exactamente hasta dónde va a llegar Dios para hacernos volver.

Él no se ha olvidado de ti, ya que ha prometido no abandonarte jamás. Aún si tus padres lo hicieran, Dios te recogerá en Sus brazos de amor (Salmos 27:10). Nos ama con amor eterno y espera que este día tomemos la decisión de volvernos de todo corazón.

Puede que estés pasando por tormentas o desiertos, pero ahí está Dios contigo, dándote el aliento que necesitas y la protección que necesitas. Puedes confiar en eso, nuestro Padre no abandona a Sus hijos.

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Tomado del libro Segundas Oportunidades, de Max Lucado.

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