Manos de Dios

Era una típica noche de mundial. Las calles estaban desiertas y los argentinos expectantes frente al televisor, anhelando la copa mundial. A una familia en particular le estaba por suceder algo que realmente cambiaría sus vidas.

La madre le daba el pecho a su pequeña bebé mientras sus hermanos correteaban por la casa esperando la segunda parte del partido. El padre había salido a acompañar al portón a un amigo, mientras todavía se mantenía la calma durante el espectáculo.

En un abrir y cerrar de ojos, a la bebé le empezaron a suceder cosas muy extrañas, hasta que dejó de respirar. Sus hermanos salieron corriendo a los gritos advirtiéndole al padre lo sucedido. Inmediatamente la llevaron al hospital más cercano. La velocidad con la que él conducía es indescriptible. Dios los cuidó de cualquier accidente.

Al llegar al hospital los médicos les informaron a los padres de la niña que había sufrido convulsiones. Ambos estaban dentro viendo cómo los médicos la atendían. Hasta que de pronto el pequeño corazón dejó de latir: la bebé ya no estaba ahí.

La madre salió corriendo desconsoladamente hacia la capilla del hospital y comenzó a orar fervientemente entre lágrimas y miles de cuestionamientos. El padre se quedó junto a su pequeña y veía cómo los médicos intentaban todas las maniobras de reanimación y nada surgía efecto.

Una vez… dos veces… tres veces… cuatro veces y nada. Ella ya no estaba. Su padre insistía con que continuaran las maniobras de reanimación, él sabía que Dios era más poderoso que todo poder humano. Gritaba con firmeza “Dios la va a salvar, yo lo sé. Ella es fuerte”. Mientras de a uno los médicos se iban dando por vencidos. Un solo médico siguió intentando hasta que de pronto se siente, muy débilmente, un pequeño latido.

 “Quédense quietos y sepan que yo soy Dios”  Salmos 46:10

En ese momento tan angustiante, solo restaba tener fe. Es una situación que iba más allá de toda sabiduría y entendimiento humano. El médico sostiene hasta hoy en día  que esto fue un milagro, al igual que los padres de la niña.

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa”. Isaías 41:10


Escrito por uno de nosotros.

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