Libro de Colosenses

La Preeminencia de Cristo en nuestra vida. Si tuviéramos que definir cuál es el desafío que Pablo nos plantea en Colosenses, creo que sería ese.

Pablo escribe esta carta a una iglesia en riesgo. Una iglesia amenazada con herejías y filosofías propias de la época pero contrarias a Dios. Frente a esta situación, ¿qué les escribe Pablo?

Mantengan su mirada en las cosas de arriba, ¡no se desenfoquen! Sólo Cristo merece adoración, solo por Él es que fuimos reconciliados con el Padre y sólo en Cristo somos completos porque la plenitud de Dios está en Él. ¡Abandonen el pecado! Ya fueron limpiados por la sangre de Cristo, no miren para atrás ni busquen en otras personas, busquen sólo a Dios porque Él es suficiente. Vivan una vida conforme a la voluntad de Dios.

Es asombrosa la cantidad de años que nos separan de la iglesia de Colosas pero aún así el mensaje de Pablo es actual. Vivimos rodeados de corrientes de pensamientos que relativizan y adornan el evangelio; y si no conocemos la Palabra, si nuestra relación con Dios no es fluida, corremos el mismo riesgo que Colosas.

No debemos olvidar que Colosenses es una carta escrita a cristianos, por lo cual, es necesario que estemos atentos a las herejías y filosofías que están acechando a nuestro alrededor. Tenemos que ser conscientes que éstas suelen ser sutiles, pueden infiltrarse en nuestras cabezas por medio de cosas que pueden parecer correctas pero no son bíblicas o que sabemos que no son bíblicas pero antes las cuales vamos cediendo, corriendo los límites, aceptándolas como válidas.
Entonces la pregunta es: ¿Realmente Cristo tiene el primer lugar en tu vida? ¿Es Él quien influye en cada una de tus decisiones y acciones?

No se trata sólo de reconocer que Cristo es el centro de nuestra salvación sino que Pablo nos enseña que la preeminencia de Cristo debe ser en todos los aspectos de nuestra vida como cristianos (Postconversión): en la pureza personal (Col 3.1–11), en el compañerismo cristiano (Col 3.12–17), en el hogar (Col 3.18–21), en el trabajo diario (Col 3.22–4.1), en el testimonio y en el servicio cristiano (Col 4.2–6).

El hilo conductor que Pablo mantiene es la carta es realmente admirable. En los primeros capítulos nos marca la base doctrinal por la cual Cristo es el único digno de tener el primer lugar en la creación, en la iglesia, en nuestra salvación y en nuestra vida; y en los últimos baja a la realidad cotidiana esos principios describiendo su aplicación práctica en el día a día.

Esa misma lógica es la que debemos cumplir nosotros. No podemos despojarnos de la vieja naturaleza, no podemos vivir una vida de santidad basándonos en nuestras propias fuerzas y capacidades. No podemos leer las aplicaciones prácticas y llevarlas a cabo cual ítems a cumplir. ¿Por qué? Porque no se trata de nosotros, no se trata de nuestros esfuerzos; se trata de mirar a Cristo, de enfocarnos en Él y de permitir que Él nos transforme. Nosotros no vencemos nuestra vieja naturaleza es el poder de Cristo en nuestra vida quien lo hace.

Si yo quiero cumplir una lista de ítems, se trata de mí y mis fuerzas… Eso es religión.

Si yo me ocupo de mantenerme con los ojos puestos en Cristo, se trata de reconocer su poder y supremacía en todo…eso es una vida transformada por Dios y esa “lista de ítems” en realidad ya no representan un objetivo en sí mismo sino que es la consecuencia natural de la obra de Dios en nosotros.

¿Realmente estás enfocado en Cristo? ¿Es tu prioridad en la vida profundizar tu relación con Él? ¿o sólo lo es cumplir una lista de acciones?

La oración y el tiempo que pasamos con Dios son reflejos de la relevancia de Cristo en nuestras vidas.

En su carta Pablo es un gran ejemplo de un hombre de oración. Es impresionante leer al comienzo de la misma, acerca de cómo ora por personas que no conoce pero a las cuales le une un mismo sentir. Y aún lo es más, analizar que el principal motivo por el cual oraba sin cesar era para que Dios los llene

…del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual (Col 1:9).

¿Para qué?

Para que anden como es digno del Señor (1:10).

Pablo tenía claro que el centro de la vida de un cristiano debe ser Cristo y que la única fuente de sabiduría es Dios. Sólo mediante una relación personal podemos conocer cuál es la voluntad de Dios. Sólo permitiendo que Él controle toda nuestra vida es que vamos a poder vivir en santidad. Es imposible tener una vida agradable a Dios si Él no es el centro de nuestra vida.

Dios es quien transforma. Dios es nuestra fuente de sabiduría. Dios es quien nos marca el camino. Dios es quien debe reinar en todos los aspectos de nuestra vida.

¿Cuál es nuestro papel? Buscarlo. Estar firmes y ocuparnos de no perder la mirada en Cristo. Orar para que Dios nos dé la sabiduría que necesitamos en nuestro diario andar y que sea Él quien dirija cada una de nuestras decisiones.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
Hebreos 12:1-3

¿El resultado? Una vida conforme a la voluntad de Dios. Una vida transformada por Dios, en la cual Cristo es suficiente.

Si realmente queremos que Colosenses 3:12-17 sea una realidad en nuestra vida. Lo primero que necesitamos es que Cristo gobierne y dirija todos los aspectos. Mientras sigamos “negociando” qué áreas de nuestra vida están bajo su jurisdicción y cuáles bajo las nuestras, no lo lograremos.

No importa la cantidad de años o días que tenés asistiendo a la iglesia, no importa el tiempo que ha pasado desde que te convertiste, hoy la pregunta es la misma para todos:

¿Es realmente Cristo el centro de tu vida? ¿Tenés tu mirada puesta en Cristo y sólo en Él?

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