La primera Navidad

“María estaba comprometida para casarse con José, pero antes de que la boda se realizara, mientras todavía era virgen, quedó embarazada mediante el poder del Espíritu Santo. José, su prometido, era un hombre bueno y no quiso avergonzarla en público; por lo tanto, decidió romper el compromiso en privado.

Mientras consideraba esa posibilidad, un ángel del Señor se le apareció en un sueño. «José, hijo de David —le dijo el ángel—, no tengas miedo de recibir a María por esposa, porque el niño que lleva dentro de ella fue concebido por el Espíritu Santo.  Y tendrá un hijo y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».”

Mateo 1:18-21

Era una noche ordinaria como las anteriores. Todos sabían que el Salvador que tanto esperaban iba a llegar en algún momento. No sabían dónde ni cuándo. Pero sólo ella sabía que ese momento era ahora y que su hijo era, nada más y nada menos, que ese tan esperado Mesías.

Tiempo atrás habían embarcado hacia Belén, pues el rey Augusto Cesar había decretado que todos debían regresar a su lugar de nacimiento para ser censados. José era un hombre correcto y, a pesar de que el embarazo de María era bastante avanzado, recordó lo que había dicho el profeta Miqueas tiempo atrás: “Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel”. Eso lo ayudó a tomar el valor que necesitaba para partir.

Era oscuro cuando lograron llegar. El bebé venía en camino, sin embargo, María y José no sabían dónde hospedarse. Nadie quería recibirlos, era tarde y decían no tener lugar. Hasta que alguien les dijo que fueran a unas cuevas en las cuales los pastores guardan sus rebaños en el invierno. Allí fue donde Jesús nació. Rodeado no de lujos y objetos ostentosos sino de animales.

María estaba feliz. Había soñado muchas veces con ese momento. Tener en sus brazos a la esperanza de Israel, al hijo de Dios hecho hombre, a su hijo amado. Pero entre tanta felicidad, no podía ocultar sus pensamientos. El futuro de su hijo era lo que más le preocupaba. Ser el salvador del mundo no sería una tarea sencilla. Además de que algún costo tendría. No podía parar de pensar en cuánto desprecio sufriría su pequeño hijo. Pero todas esas inquietudes se desvanecieron en cuanto volvió a observar a Jesús.

María y José aún no lograban comprender por qué Dios los había elegido a ellos para semejante privilegio. No tenían riquezas, no eran personas importantes, pero sus corazones estaban llenos de amor hacia Él. Eran personas humildes que lo amaban y respetaban sus mandatos.

“Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos.  También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es,  a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.”

1 Corintios 1:26-29

Dios también te eligió a vos y tiene un propósito especial para tu vida. En esta época de Navidad, eso empieza recordando que hay algo que sobrepasa las actividades comerciales, cenas en familia, cohetes y cosas dulces después de la medianoche. Jesucristo nos trajo paz, alegría, esperanza y sentido a nuestras vidas.

Por eso, Navidad es Jesús.

[divide]

Autor: Uno de nosotros.

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