La meta

“Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.” Filipenses 3:14

Delante de nosotros existe una meta que es también un premio: imitar a Jesús. Cada cristiano tiene la misión de vivir con los valores que Cristo enseñó. Tenemos la meta de hacer lo que él hubiera hecho en situaciones que nos toca vivir.

La cuestión del premio es doble. Por un lado hay un premio instantáneo. Parecernos a Jesús significa ser del tipo de gente que ama desinteresadamente y vive la vida según el propósito de Dios. En otras palabras, podemos decir que nos convertiremos en personas exitosas. Cuando nos parecemos a Jesús somos diferentes de la mayoría. Piénsalo por un momento: alguien que se detiene a curar al que está dolido, que se sacrifica por otros, que vela por sus amigos, es probablemente alguien amado. Claro que no siempre la gente actúa como lo esperamos. Eso también le pasó a Jesús. Pero al menos experimentamos el éxito interior de tener la conciencia tranquila y vivir con sumo gozo.

También existe un premio que tenemos que esperar. Se trata de una corona diseñada en el taller de los cielos. “…cuando venga el Gran Pastor, recibirán una corona de gloria y honor eternos.” 1 Pedro 5:4

Cuando hacemos la meta de nuestra vida el parecernos a Jesús, seremos premiados por Dios al llegar a la morada celestial.

¿Es mi meta ser como Jesús? ¿Qué puedo hacer al respecto?

Querido Rey, quiero cada día ser más como Cristo. Quiero apuntar mi vida a esa meta y poder disfrutar de todos los premios.

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Extraído de Encuentros al límite – Lucas Leys

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