La Iglesia y sus actitudes – IV

La actitud del tropiezo

Jesús se volvió y le dijo a Pedro:
—¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres. Mateo 16:23

Cristo es el más interesado por los perdidos que hay en el mundo, y por eso no va a cambiar de idea en cuanto a la diferencia entre lo divino y lo humano. Tiene tan claro el panorama, que ante cualquiera que se levante con otro plan es capaz de decirle a su cara: ¡aléjate de delante de mí!

Da la impresión que Cristo fue muy fuerte con Pedro. Si Cristo le hablara hoy así a un creyente, probablemente tendría que pasar por una terapia para rehabilitarse. Es interesante cómo la Iglesia, como Cuerpo, puede caer en esta actitud del tropiezo, haciendo tantas cosas que, en vez de hacerla avanzar, la estancan. Basta ver cuántos creyentes hoy en día están peleados, se cambian de congregación como si fuera una institución humana, porque no buscan lo que Cristo dijo que había que buscar: poner la mira en las cosas de Dios.

Todo proyecto que no incluye la búsqueda del perdido y su rescate es digno de que esté fuera de la vista de Jesús. Todo entrenamiento y edificación eclesiástica, si bien son para el creyente, deben tener como fin hacer discípulos de acuerdo al corazón de Cristo.

Para que alguien tropiece, necesita de algún obstáculo. Dios libre a la Iglesia de ser este obstáculo para que no reciba las Palabras de Cristo como el pasaje citado.

Señor, cuídame de ser un tropiezo a para Tu obra y tu anhelo de alcanzar a los perdidos del mundo entero.


Devocionales de Juan Leyton

 

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