La historia de mañana

¿No estás cansado de vivir esperando por un mañana? En este viaje que es la vida, alguien nos hizo creer que el futuro es siempre mejor. ¿Qué futuro? Me dí cuenta de que pasé los últimos años de mi vida proyectándome hacia un futuro que nunca terminaba de llegar.

Cuando tenga un trabajo, cuando tenga un novio, cuando termine mi carrera, cuando conozca un país extranjero, cuando me case, cuando me mude de la casa de mis padres, cuando sea grande y reconocida, cuando tenga mi familia.

Y me pregunto, por sobre todas las cosas, de dónde fue que salieron esas ideas. Porque en algún punto creí que es algo que Dios me enseña, que es parte de la vida cristiana… El problema es que no pude encontrar ninguna cosa en la Biblia que me confirme esa teoría.

Jesús les dijo a sus discípulos: “No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán. La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa” (Lucas 12:22-23).

Es más, les agrega: “Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” (Mateo 6:34).

Yo pienso, entonces, qué es lo que hago viviendo siempre con un pie en el futuro, nunca parada completamente en el presente.

Vivir en el futuro te inmoviliza: por tener los ojos puestos tan lejos, no podés ver lo que te rodea. No ves al que necesita una mano, no ves al que te está pidiendo ayuda, y, lo peor, tampoco ves la belleza que tenés alrededor.

Alguien nos hizo creer que lo bueno está por venir. Y es una idea muy buena cuando uno está en una situación difícil, es cierto. Pero la verdad es que si siempre estamos esperando algo, ni siquiera nos vamos a enterar cuando ese algo llegue, porque ya vamos a estar esperando otra cosa.

Todo se resume en una palabra: contentamiento. Hoy. Hoy podés ser el cambio. Hoy puedo ser feliz. Hoy.

En otra parte, Dios nos dice: “No se engañen, de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.” (Gálatas 6:7), y yo me pregunto qué voy a cosechar si en vez de dedicarme a sembrar, me siento a esperar la cosecha.

El mañana va a llegar, no te preocupes. Pero somos responsables de nuestro hoy. Cada mañana amanecemos al día que Dios nos da, y somos responsables de hacer algo con él. ¿Cuántos días pasaron por nuestra vida sin pena ni gloria, esperando algo por venir? ¿Cuántas tardes pasaste lamentándote por eso que todavía no tenías, y te perdiste de ver lo que estaba cerca tuyo?

Tengo la teoría de que Dios, que nos hizo y nos conoce bastante, tiene bien presente nuestra tendencia a vivir en el futuro, porque llenó su Palabra de promesas sobre el tema: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11)

Nadie nos pide que nos ocupemos del mañana: de eso se encarga el que creó y diseñó todo, y lo conozco lo suficiente como para creerle cuando me dice que no tengo que preocuparme por eso. Mi responsabilidad es hoy. Este momento. Este preciso momento en el que yo escribo y vos leés.


Autor: Uno de nosotros.

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