Jesús, un maestro sin igual

Además de nuestro Salvador y Señor, Jesús también fue nuestro Maestro. Durante sus tres años de ministerio, Jesús lo que hizo fue enseñar. De hecho, todos lo reconocían como maestro, incluso sus enemigos así lo llamaban cuando se dirigían a Él. Pero no era un maestro más, Él era distinto: iba a buscar a sus alumnos, hombres y mujeres de todas las edades, clases sociales y condiciones intelectuales. Él no discriminaba a nadie.

También enseñaba algo distinto: un nuevo estilo de vida, acorde al Reino de Dios. Hasta ese momento la iglesia se había dedicado a regular la vida cotidiana del pueblo, el cual se había cansado. Jesús les muestra un nuevo estilo de vida, que además de salvar, produce descanso espiritual: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30) El “aprended” viene antes del “hallaréis descanso”, como si fuera una condición. Pero el aprender no es la pesada carga de reglas y prohibiciones que imponían los maestros fariseos de ese momento, sino que salva, fortalece, y anima.

Jesús enseñaba de muchas maneras. Hablando, se adecuaba al estilo de su público y de acuerdo a este elegía su método: parábolas, frases breves, evaluaciones (preguntas), etc. Pero no solo con sus palabras enseñaba, sino también con sus acciones: Jesús era un testimonio viviente. No solo hablaba de servicio, sino que lo mostraba poniéndolo en práctica, lavándoles los pies a sus discípulos, por ejemplo.

Día y noche, en el campo, en la barca, en el camino, en las casas, sinagogas y a la orilla del río Jesús enseñaba, con palabras o con acciones, que el Reino de Dios había llegado por medio de Él para transformar nuestras vidas, cambiar nuestra voluntad y tocar nuestro corazón, el centro de nuestras decisiones.

Finalmente, surge la pregunta: ¿y ahora? ¿Las enseñanzas de Jesús quedaron allí? En Mateo 28:18 al 20 está la respuesta: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Nosotros debemos continuar mostrándole al mundo aquello por lo que Jesús vino: el estilo de vida que, basado en una relación profunda con Dios, lleva a la salvación. Pero para poder enseñar, primero debemos aprender, y aprender es cambiar, lo que muchas veces no es fácil. Sin embargo, Él nos promete que no estamos solos, ni aprendiendo ni enseñando, porque si lo hacemos, Jesús nos dice “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

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Resúmen de la meditación de Walter Merino.

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