Gigantes

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“Si Dios me ha librado de las garras de leones y de osos, también me librará de este filisteo”
(1° Samuel 17:37ª TLA)


¿Alguna vez tuviste un gigante tan grande que pensaste en desertar? ¿Alguna vez pensaste que tus problemas iban más allá de todas tus capacidades para resolverlo y desistir te pareció tentador?

Un gran campo de batalla, el terror se palpaba en el aire.
Un gran enemigo, vociferando una victoria asegurada.
Un ejército, convencido de que el gigante era invencible.

¿Cómo te enfrentas a tu gigante? ¿Decidís desde un principio que está más allá de tus posibilidades de ganar? ¿O decidís encomendarte a Dios y enfrentarlo?

Todo oscurecía, las posibilidades de ganar se alejaban.
Las circunstancias empeoraban, la realidad golpeaba sus esperanzas.
Un joven muchacho entró en escena, rompiendo todo el ambiente.
Un joven con esperanza, en quien nadie hubiese puesto su confianza.

“Si Dios me ha librado de las garras de leones y de osos, también me librará de este filisteo”
(1° Samuel 17:37ª TLA)

En todo el panorama de desilusión y tormento un joven pastor llegaba con una misión: llevar provisiones a sus hermanos. Este joven, llamado David, era la última posibilidad en la cual podrían haber pensado para enfrentar al gigante filisteo. Sin embargo, David confiaba con todo su corazón en el Señor, sabía que su victoria estaba asegurada sin ser esa su razón de estar en el campo de batalla.

Un joven pastor acercándose al gigante.
Un gigante burlándose de su nuevo oponente.

David no vistió armaduras ni armas, él solo iba con su honda y su fe.

“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” (1° Samuel 17:45)

Reitero, ¿cómo te enfrentas hoy a tu gigante? Pensa en las dificultades de tu día a día, en tus obstáculos y tus límites. ¿Te encomiendas a Dios? ¿Te das por vencido de ante mano?

Un enemigo gigante acercándose al joven pastor.
Un joven pastor acercándose al enemigo gigante.
Un enemigo vestido de armaduras y armas.
Un pastor con una honda y una piedra.

“Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano” (1° Samuel 17:50)

Para vencer a nuestros gigantes solo necesitamos encomendarnos a Dios, David no confió en sí mismo, él sabía que la victoria asegurada residía en confiar en el Señor. ¿Cómo vas a enfrentarte a tu gigante?


Autor: Uno de nosotros

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