Firme

¿Viste cuando sos muy bueno en algo, pero tan bueno que te la crees y te haces el máster y de repente cometes el error más tonto? Bueno, eso mismo te puede y me puede pasar en la vida cristiana.

Hace mucho decidí que mi vida es para Cristo, asisto a la iglesia desde antes de nacer, sé muchísimas historias bíblicas, tengo Biblias de diferentes versiones y estilos, vivo bajo valores cristianos y tengo presente que es lo bueno y lo malo ante los ojos de Dios. Pero hay algo que a veces tengo que no está para nada bueno y es la soberbia de que me las sé todas y de que a mi no me va a pasar y que no me voy a ceder ante las tentaciones a las que yo mismo me expongo.

Y cuando estoy en esa posición es cuando soy más vulnerable a las tentaciones que nacen de lo más profundo de mi ser (mi vieja naturaleza, mi ser carnal, mi esencia pecadora o como lo quieras llamar) y es casi seguro que ceda y peque.

Cuando me sucede esto recuerdo el texto que dice “… Si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” entonces me culpo, me castigo, dejo de hacer mi devocional, o sea pierdo mi relación con Dios o lo alejo, estoy bastante irritable y cualquier excusa es buena para no congregarme. De esta manera estoy aumentando mi mal momento en lugar de reconocer mi error, hablar con mi Gran Padre pidiéndole perdón y ayuda para no volver a caer.

Si esto mismo te pasó alguna vez, te cuento que a mi me pasa más de lo que desearía. Hay algo en especial que me cuesta manejar y cuando pienso que lo tengo bajo control y no estoy alerta y bajo las barreras y alarmas es cuando vuelvo a caer y me siento mal, muy mal pero la última vez que me pasó fui a buscar ese texto que nombré antes, está en 1° Corintios 10.12. Al seguir leyendo descubrí que esa tentación no es más fuerte que yo ni que domina, al contrario, mi Dios, que me ama y me quiere ayudar, me alienta a vencerla y me da una salida en el medio de esa situación. Queda en mi si hago uso de la misma o no.

1° Corintios 10.13

Si caíste como lo hice yo, te invito a que arregles tu situación y no la empeores. Primero habla con Dios y contable lo que pasó, pedile que te ayude, que si te encontrás otra vez en una situación similar te ayude a identificar la salida y a tomar la decisión de usarla.

Segundo toma los recaudos y pone los límites necesarios que te ayuden a no exponerte otra vez.

Recordar: Fiel es Dios que no va a dejarte solo y sin ayuda. Sino que te va a mostrar como salir.

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