Jesús

¿Quién es?

La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel (que significa Dios con nosotros).
Mateo 1: 23 – NVI

Jesús es Dios mismo encarnado, hecho hombre. Es parte de la Trinidad Divina. El Hijo de Dios.
Jesús es 100 % Dios, pero también fue 100% hombre mientras estuvo en la tierra.
Jesús es el Mesías, que había sido prometido por Dios para ser el Salvador del mundo. El Mesías enviado por Dios a la tierra, para que cumpliera con el plan de Salvación que hiciera posible el perdón de pecados para todos nosotros, los hombres y mujeres del mundo.
Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, y el único camino de Salvación que nos permite reconciliarnos con Dios.

¿Qué hizo?

Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras.
1 Corintios 15: 3 y 4 – NVI

Fundamentalmente… SALVARNOS!!!

La Biblia nos dice que toda la humanidad está separada de DIOS como consecuencia del pecado que comete cada día y por propia decisión, desde el primer pecado cometido por Adán, hasta hoy. “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” Romanos 3:23 – NVI

No había hombre ni mujer justos que pudieran hacer algo para reconciliarnos con Dios, y que pudieran dar la Salvación a la humanidad.
Por eso Dios proveyó la solución desde el cielo, en la persona de su Hijo Jesús.
Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo, nació en un pesebre, en Belén de Judea, creció al cuidado de sus padres terrenales María y José.
En sus años de ministerio, Jesús se dedicó a hablar y mostrar, en todo momento, el reino de los cielos, enfatizando siempre la necesidad de que el hombre se vuelva a Dios.
Caminó por esta tierra, predicó, sanó enfermos, liberó oprimidos y consoló a los tristes. Jesús vivió como un hombre común, y fue sometido a las mismas presiones, necesidades y tentaciones que todos los hombres, sin embargo nunca cometió pecado alguno.

Pero, especialmente, Jesús vino a la tierra con una misión muy importante por cumplir. Vino para morir en la cruz, y así pagar el precio por nuestros pecados.
Cuando llegó el tiempo marcado por Dios, Jesús fue arrestado y juzgado injustamente. Fue burlado, escupido, azotado y colocaron una corona de espinas sobre su cabeza. Finalmente fue obligado a llevar sobre sus hombros la cruz en la que luego sería crucificado, sobre el monte Calvario. Clavado en la cruz, con su costado atravesado por una lanza, exclamó Consumado es y murió.

Luego de eso fue colocado en la tumba, y al tercer día… RESUCITÓ!!! Jesús volvió a la vida, obteniendo así la victoria sobre la muerte.
Habiendo terminado su obra en la tierra, Jesús ascendió al cielo, y volvió a la presencia de su Padre.

Y así cumplía con la misión que el Padre le había encomendado.
Jesús completó el Plan de Salvación que Dios había diseñado para que todos los hombres y mujeres pudieran tener el perdón de sus pecados.

¿En qué te afecta?

Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Romanos 10: 8-10 – NVI

En todo!!!
Jesús es la gran respuesta para tu vida. Él te ofrece la posibilidad de reconciliarte con Dios, por medio de su Obra de Salvación, cumplida en la cruz.
Jesús murió, ocupando tu lugar, para pagar el precio de tus pecados. Él cumplió el castigo que te correspondía a vos. Ahora te ofrece el perdón, quiere ser el camino que te lleve nuevamente a Dios… quiere darte la salvación de tus pecados y la vida eterna, es decir, te ofrece vivir para siempre en el cielo con Él luego de que partas de esta vida en la tierra.

La decisión es tuya, en absoluta libertad.

Según la Biblia, la Palabra de Dios, la única condición necesaria para tu Salvación es:

  • Reconocer que sos pecador
  • Arrepentirte de tus pecados
  • Pedirle perdón a Dios
  • Creer en Jesús y en la obra que Él hizo en la cruz
  • Reconocer y confesar a Jesús como tu Salvador Personal y Señor

Si decidís hacerlo, Dios te asegura el perdón, y te da la promesa de la Vida Eterna, a su lado, en el cielo.
Jesús puede ser todo para vos… Depende de tu decisión.

Si querés aceptarlo como Salvador, podés decirle lo siguiente:

Señor, reconozco que soy pecador y por eso estoy alejado de ti.

Me arrepiento de todos mis pecados, y te pido que los perdones por la obra que Jesús hizo en la cruz del Calvario, al morir para que yo pueda ser perdonado.

Reconozco a Jesús como mi Salvador personal y te doy las gracias por tu gran amor y por tu misericordia que me permite ser salvo y tener un lugar en el cielo junto a ti.
Te pido esto en el nombre y por la obra de Jesús. Amén.

Si realizaste esa oración de corazón, podés estar seguro de que Dios perdonó tus pecados y te da la seguridad de la Vida Eterna, junto a Él, en el cielo.
A partir de este momento entablaste una relación única e inigualable con Dios mismo, y es muy importante que comiences a fortalecer esa relación.

¿Cómo?.

Mediante…

  • La oración: orar es hablar con Dios, como si fuera con un amigo. Él desea que le cuentes tus inquietudes y le pidas todo lo que necesitas.
  • La lectura bíblica: la Biblia es la Palabra de Dios y en ella Dios nos cuenta cómo es Él y nos enseña cómo debemos vivir nosotros.
  • El congregarte en una iglesia: reunirte con otros que aman a Dios es indispensable, para aprender más acerca de Él, y para crecer juntos, en su camino.

Estas tres cosas te ayudarán en tus primeros pasos, a partir de la decisión fundamental que tomaste de recibir a Jesús como tu Salvador personal.
Es muy importante que procures caminar junto a Él, cada día y a cada momento.

Nos encantaría que nos cuentes si tomaste la decisión de pedirle perdón a Dios por tus pecados. No dejes de hacerlo, comunicándote a nuestro e-mail de contacto, o concurriendo a nuestro templo en el horario de alguna de nuestras reuniones.

Te amamos y oramos por vos, aunque no te conocemos.
Que Dios te bendiga!