El rompecabezas

“Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla.” Santiago 1:5 NTV.

El pequeño balancea sus pies suavemente, sueña con el momento en que sus pies rocen el suelo; se encuentra absorto en el gran rompecabezas en frente de él. Toma una pieza y la examina, intenta entender que imagen contiene y si puede encajar en el lugar disponible donde cree que pertenece. Con sus pequeños dedos presiona la pieza, encaja, pero al verla con atención nota que la armonía del rompecabezas se rompe por la incorporación. Un ceño fruncido y una pequeña mente que trata de entender cómo es posible que ese fragmento no encaje.

Pasos lentos que se acercan por detrás de él, unas amorosas manos que lo rodean y retiran la pieza incorrecta. “¿Y si probamos con otra?” dice dulcemente para luego tomar el fragmento correcto y colocarlo en su lugar. Toda la confusión en la pequeña mente se aclara y una nueva visión del panorama surge.

Podemos traer a nuestras mentes recuerdos de nuestra infancia, o quizá no. Pero podemos entender nuestro presente.

Nuestra vida es como ese rompecabezas, algunos tendrán más piezas que otros pero todos tenemos el mismo problema: entender cuál es el paisaje del nuestro.

Imagino que cada pieza es una situación que enfrentamos, algunas las colocamos con felicidad y gozo, disfrutando de encontrar fácilmente su lugar, mientras que otras intentamos encajarlas a la fuerza mientras sentimos una opresión que cierra nuestras gargantas y no tenemos el pulso suficiente para entenderlas y tratar de buscar el lugar acertado. Pienso también que muchas veces pensamos que tenemos “piezas que sobran” y no llegamos a entender el propósito que cumplen en nuestro cuadro.

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 NTV

Por medio de una relación con Dios llegamos a entender cada vez más cuál es nuestro propósito, y cuando estemos cara a cara con nuestro Creador seremos como ese pequeño niño, que se esforzó y pudo entender una pequeña parte de su gran panorama.

Sentado en una silla con los pies reposando en el suelo, roza con sus dedos la última pieza, la coloca en el lugar restante y contempla embalsamado el precioso panorama frente a sus ojos. Rememora, rememora los buenos momentos, cuando colocar sus piezas lo llenaban de gozo y una traviesa sonrisa jugaba en sus labios; rememora, rememora la opresión y el abatimiento que sentía al colocar algunas otras. Pero hoy, hoy disfruta de la perfecta vista.

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Autor: uno de nosotros

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