El que llama

el que llamaPor: Vero Del Vecchio


 

¿Alguna vez sentiste que las promesas de Dios tardaban en cumplirse? Los síntomas suelen ser impaciencia, dudas, ansiedad. En esos momentos las largas oraciones que hacemos se convierten en un monólogo sobre nuestra necesidad de que Dios actúe, y lo más gracioso es que esperamos que obre como nosotros imaginamos que sería la forma correcta.

Al recibir una palabra del Señor, podemos optar por creerle o ignorar su voz, lo cual nos libraría de aceptar un compromiso. Posiblemente la última opción resulte a primera vista la más fácil, el tema es que si no estamos haciendo lo que Dios nos destinó a ser, es probable que terminemos sintiendo que falta algo en nuestras vidas. Nunca va a existir otra persona igual a nosotros, que esté en ese momento justo en ese lugar.

Muchas veces la cuestión de esperar el cumplimiento de una promesa tiene que ver con nuestra fe y conocimiento de Dios, y de nosotros mismos. A veces, basta con una palabra de una persona para que pongamos en duda un llamado de Dios. Pero la clave está en que sea Dios el que nos hable y no un ser humano, ni siquiera nosotros mismos. Porque aún teniendo buenas intenciones, querer hacer algo para lo que no fuimos llamados sería un error.

Sin duda, sus tiempos son muy diferentes a los nuestros. La inmediatez encajaría perfecto en nuestro sistema mental. Pero imaginemos que queremos pintar un paisaje. No podemos simplemente tirar manchones de pintura. Debemos ser detallistas, cuidar cada borde, trabajar la perspectiva, las luces, las sombras. Un buen resultado lleva tiempo y dedicación y las cosas que crecen de golpe, justamente nos pueden dar muchos golpes. Así que podemos ver el tiempo como algo positivo: cuánto más tiempo tarde algo en cumplirse, estaremos más preparados, si somos fieles. Además, recordemos que Dios nunca llega tarde, y tampoco llega temprano. Eso nos da la suficiente confianza como para esperar en El, y saber que de apresurar las cosas, o retrasarlas, estaríamos fuera de su voluntad.

¿Habrá momentos de pruebas? Sí, y nos podemos gloriar en ellas. ¿Habrá momentos de soledad? Sí, y nuestro carácter se va a fortalecer en Su disciplina. ¿Habrá críticas? Seguramente. Nunca vamos a poder agradar a todo el mundo, y de hecho no debiéramos querer agradar a los hombres.

Cuando pasamos tiempo a solas con nuestro creador, podemos confirmar que si El nos llama, es fiel, provee las herramientas, y abre las puertas necesarias. Si nuestro trabajo es para el Señor, El va delante y se va a encargar de darnos el favor necesario para seguir avanzando, hasta donde Él lo permita.

“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones”. Deuteronomio 7:9


 

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