El milagro

 

Una flor muerta no tiene vida.
Un cuerpo muerto no tiene vida.
Un alma muerta no tiene vida.

El alma se marchita y muere si está separada de Dios. La consecuencia del pecado no es un mal día ni un mal aspecto, sinó un alma muerta. La señal de un alma muerta es clara: Labios llenos de veneno y bocas groseras, pies que llevan a la violencia y ojos que no ven a Dios.

Ahora sabés porqué la gente puede ser tan miserable. Sus almas están muertas. Ahora comprendés porqué el traficante de drogas puede dormir por la noche y el dictador puede vivir con conciencia. No la tiene.

La obra final del pecado es matar el alma.

Necesitamos un milagro:
La solución no es mas gobierno ni mas educación. La solución tampoco es mas religión; ritos y doctrinas de hombres. Necesitamos un milagro. No necesitamos a alguien que disfrace las almas muertas; necesitamos a alguien que resucite a los muertos. La Biblia, en Romanos 3:21-25 presenta a ese alguien:

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.

Somos los muertos y Él es el que levanta muertos. Nuestra tarea no es levantarnos, sino admitir que estamos muertos.
Aún estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:5 – La Biblia)

Dicho con mas sencillez: El costo de nuestros pecados es más de lo que podemos pagar. El regalo de Dios es más de lo que podemos imaginar. La Biblia en Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Es tu decisión tomar este regalo, si querés hacerlo te invitamos a que repitas estas palabras:

Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que estoy apartado de vos. Te pido que perdones mis pecados y seas el Señor de mi vida. Amen.

Si hiciste esta oración te invitamos a que te contactes con nosotros o que asistas a la iglesia evangélica mas cercana a tu domicilio, si no conocés alguna envianos un email por medio de nuestro formulario de contacto y te orientaremos en la búsqueda.

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