El Despojado

“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:1-14

Al meditar sobre este versículo se apodera en mí una profunda sensación de ineptitud. El texto resume, en una sola frase, la más misteriosa transformación jamás vista en la historia del universo. El Verbo, que le dio existencia a la vida misma, se despoja de su eternidad para vestirse de la frágil y transitoria condición que implica ser humano; en efecto, Dios en sandalias.

Solamente cuando consideramos cuán renuentes somos a salir de nuestros pequeños mundos, a fin de mostrar siquiera un fugaz interés en la vida de otros podemos a comenzar a entender la enormidad de esta empresa misionera que sacudirá los cimientos del universo. En efecto, “aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombre. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:6-8).Su trayectoria es completamente contraria a las ambiciones de grandeza que tanto anhelamos nosotros. El Señor paulatinamente reducirá el espacio que ocupa hasta quedar “auto-limitado” en la figura de un humilde esclavo.

¿Qué es lo que motivó al Señor a imponer tan drástica limitación a su condición divina? ¡Una inexplicable pasión por asegurar una relación con nosotros!

El Verbo que elige habitar en la carne emprende el camino de muerte que librará al hombre de las consecuencias eternas de su propia rebeldía contra el Creador. Representa mucho más que la satisfacción de un requisito legal. “Siendo rico, sin embargo por nosotros se hizo pobre, para que nosotros por medio de su pobreza llegáramos a ser ricos” (2 Corintios 8:9). Su ejemplo muestra el único camino por el cual podrán ser aliviadas las aflicciones, los sufrimientos y las desdichas de aquellos que andan en tinieblas.

La redención de una persona siempre implica la presencia de otra a sacrificarse por ella. Quizás esa sea la razón por la que la iglesia logra tan poco impacto en este tiempo. Todos queremos que otros sean salvos, siempre y cuando no signifique un sacrificio para nosotros.

La decisión de tomar forma de hombre encierra, también, un acto de asombrosa misericordia por parte de nuestro Creador. La fragilidad de nuestra condición humana no nos permite comprender, ni soportar aun las más restringidas manifestaciones de lo Alto. Al hacerse como uno de nosotros, logra cerrar la brecha que nos separa de Él y consigue presentar la Vida en un formato que los hombres pueden fácilmente reconocer. Aun así, es tan profunda la atrofia espiritual que ha impuesto el pecado, que muchos no lograron tampoco percibir la presencia de Cristo entre ellos.

A pesar de esto, el paso de Jesús por la Tierra nos ofrece el más nítido retrato del Dios que “extiende los cielos como una cortina y los despliega como una tienda para morar”. (Isaías 40:22)


El Verbo se hace carne – Dios en sandalias – Christopher Shaw

 

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