1° Samuel – Parte II

Continuando con nuestro paseo por este libro, en el capítulo 9:16 vemos que el Señor mandó a Samuel a ungir a Saúl, el primer Rey de Israel a pedido del pueblo. Pero, ¿por qué el pueblo quería un Rey? ¿No estaban conformes con lo que tenían? El problema no radica en el hecho de que querían un rey, sino, en que el pueblo de Israel quería ser igual a todas las demás naciones. ¿No nos pasa eso a nosotros también? ¿No queremos seguir todos la misma corriente, pensando que es el mejor camino e ignorando la guía de Dios? Recordemos que somos diferentes porque Cristo vive en nosotros y un día transformó nuestras vidas mediante el poder de la cruz.

¿Y qué hay de Saúl? ¿Cómo fue su vida? Él fue elegido por Dios para guiar a su pueblo, sin embargo, algo falló. Empezó bien pero luego, su vida fue una descenso constante. Se caracterizó por:

  • Tener envidia y odio (18:8-11)
  • Su gran temor e impaciencia (13:8-9)
  • Su irresponsabilidad (14:24)
  • La desobediencia (15:9, 22-23)

Este último pasaje dice:

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”

De aquí podemos sacar dos importantes aplicaciones para nuestra vida. En primer lugar, siempre es mejor obedecer. Si no seguimos el mandato de Dios lo único que traemos y acumulamos es pecado en nuestra vida. En segundo lugar, si descuidamos nuestra relación con Dios podemos caer en cosas muy peligrosas como lo hizo Saúl. En el capítulo 28:7, Saúl mandó a llamar a una mujer con espíritu de adivinación. Recordemos aferrarnos cada día a la palabra de Dios para no desviarnos del camino porque nadie está exento de pecar.

“Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil”  Mat 26:41 (NTV)

A partir del capítulo 16 aparece una nueva y muy importante figura, David. Él era uno de los hijos de la familia de Isaí de Belén, sin embargo, fue el único de  los hijos que no estaba ante Samuel, él se encontraba apacentando las ovejas. Dios le enseña tanto a Samuel como a nosotros una gran lección: muchas veces juzgamos a una persona sin conocer realmente como es pero debemos recordar que:

“…Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (16:7)

Una vez que Samuel manda a llamar a David, lo unge tal como el Señor le había mandado. Este futuro Rey de Israel también tiene características destacables, que a diferencia de Saúl son positivas y su vida estuvo llena de la presencia de Dios. Fue un hombre

  • Responsable (16:11)
  • Obediente: (17:15-20)
  • De buen testimonio público (16:18)
  • Confiable (16:23)
  • Que confiaba en Dios  (17:45)
  • Fiel a Dios (18:14)
  • Prudente (18:18)
  • Honesto (20:4)

Hechos 13:22 dice:

“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.”

No descuidemos nuestra conducta cristiana, vivamos para Dios con un corazón como el de David, conforme a la voluntad de Dios, para que un día, al estar en su presencia, el Señor pueda decir de nosotros:

“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:23

Desafío:

¿A quién te parecés más? ¿Saúl? ¿David? Yo ya respondí, llegó tu turno, manos a la obra.

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Resumen de la meditación de Jorge Kevarkian.

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