1° Samuel – Parte I

En toda historia hay personajes principales y esta no es la excepción. Si nos enfocamos en el libro de 1 Samuel podemos decir que los personajes centrales son Samuel, Saúl y David. Pero antes de caracterizarlos nos vamos a ubicar un poco en contexto:

El pueblo de Israel se encontraba vagando en 400 años de oscuridad espiritual, sin tener en cuenta a Dios. El libro de Samuel es considerado la continuación del libro de Jueces, ya que este termina diciendo: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Samuel aparece como el último y mejor de los jueces (entre el 1165 y el 1085 a.C), además de cumplir las funciones de profeta y sacerdote. Sin embargo, Samuel no solo significó el punto final de aquel período, sino que, al iniciar la serie de los grandes profetas de Israel con el ungimiento (es decir, la consagración) de sus dos primeros reyes, Saúl y David (1 S 9.27–10.1; 16.13), dio paso a la institución de la monarquía y a la dinastía davídica.

Como mencionamos al comienzo, Samuel, en esta porción de la Biblia, es uno de los personajes principales. Veamos un poco qué pasaba antes de su nacimiento…

En el capítulo 1:1-19 del libro encontramos a Elcana. Este hombre tuvo dos esposas; la primera fue Ana. Ella no podía tener hijos, y esto no era nada fácil en aquella época, más bien, era una situación devastadora y un símbolo de desgracia. Sin embargo, ante esta situación Ana recurrió a la oración (v.10), presentando y abriendo su corazón ante el Señor, depositando toda su carga y confiando en la soberanía de Dios (v.18). Si seguimos leyendo, nos vamos a dar cuenta de que Dios responde al pedido de Ana y ella alaba al Señor por la vida de su hijo, Samuel (v.26-37). Tal como lo había prometido en el verso 11, se lo entrega al Señor para que sirva en el templo. Ahora, yo me imagino que como madre, no habrá sido fácil desprenderse del hijo por el que tanto había esperado y orado. Sin embargo, Ana fue fiel a su promesa. Pero esto no termina ahí: al igual que Ana nos encontramos frente a una pregunta y depende de nosotros la respuesta. ¿Qué haremos si Dios contesta ese deseo que hay en nuestro corazón? ¿Pondremos excusas para no cumplir con nuestra parte? No debemos dudar en cumplir con lo que el Señor nos ha mandado a hacer porque Él siempre estará con nosotros.

“Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor.” Salmos 33:18 (NVI)

No olvidemos que por su obediencia, la vida de Ana fue bendecida por el Señor, ¡Ella tuvo 5 hijos más!

Una vez en el templo, Samuel fue criado en “la familia pastoral”, la cual no tenía una conducta muy ejemplar. Sin embargo, esta realidad no condenó a Samuel a seguir sus pasos. Por el contrario, él respondió: “Habla porque tu siervo oye” a la voz del Señor. Esta situación nos deja puntos para reflexionar:

Al igual que Samuel decidió atender a la voz de Dios, cada uno tiene la libertad de tomar sus decisiones, nadie está atado a vivir en el pecado con la excusa de: “Porque mis amigos lo hacen..” o cosas semejantes. Dios nos llama a arrepentirnos, a buscar su rostro y a aceptar el poder que la cruz tiene sobre aquellos que están en tinieblas.

Si Dios nos está llamando a hacer algo, debemos responder a su llamado, no ignorar su voz y seguir de largo. Samuel decidió obedecer, vos, ¿Qué pensás hacer?

La vida de Elí, uno de los integrantes de la “familia pastoral” es un claro ejemplo de las consecuencias de la desobediencia. Sus hijos vivieron muchos años en contra de las indicaciones de Dios y él no hizo nada para impedirlo (3:29). El libro de Samuel nos cuenta las consecuencias de su descarriada vida. Al final del capítulo 4, un mensajero escapa de la batalla desatada entre el pueblo de Israel y los filisteos para anunciarle a Elí que sus hijos, Ofni y Finees habían muerto y que el arca del Señor había sido tomada. Por su gran tristeza, Elí murió.

La Biblia no es un libro de castigos, es un libro de prevenciones, dejándonos la libertad de decidir. Esas prevenciones son necesarias para llevar una vida agradable a los ojos de Dios y nos evitan sufrir las consecuencias devastadoras del pecado, que causan sufrimiento y agonía.

La historia continúa y nos vuelve a enfocar a Samuel:

“Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos. Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. […] Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.” (7:8-9,12)

Una de las características que se destacan de él es su vida de oración, un contacto íntimo con Dios. Otra enseñanza que nos deja este libro para nuestras vidas: ¿Cómo está mi relación íntima con Dios? ¿Disfruto un tiempo privado con Él cada día?

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Resumen de la meditación de Jorge Kevarkian.

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